viernes, 4 de diciembre de 2009

una mirada femenina y caraqueña (con algo de NY)...




Apoyarse en la gente amada es lo que una suele hacer cuando tiene una pata coja. Así estoy haciendo yo en estos días en los que mi musa está de vacaciones, y hoy me estoy apoyando en mi amiga del alma Maibe González. Maibe es, por supuesto, una mujer pagana... y también es venezolana y caraqueñísima, a pesar de sus más de diez años viviendo en NY.


Es de esas amigas que cuando se le meten a una en el corazón, ya no hay cómo sacarlas... y además, ¿cómo para qué la voy a sacar si es una delicia tenerla allí?


Pues ayer nos escribió a un grupo de amigas sobre sus impresiones en Seúl, capital de Corea del Sur, y me encantó tanto su estilo ligero como sus comparaciones con mi querida Caracas.


Aquí se los dejo para que lo disfruten:


Masiva. Súper urbana. Extra desarrollada. Seúl es una de las ciudades mas grandes del mundo en población y densidad. No es particularmente bonita, a pesar de contar con una especie de Ávila y con el gran Róo Han, que es mucho más grande que el Hudson pero menos impresionante. Su estilo es más bien funcional con maravillas arquitectónicas camuflageadas en la frondosa selva de edificios. Distinta a otros centros urbanos, Seúl es limpia y paradójicamente ordenada en su propio caos. La mayor impresión: un comercio perverso y abrumador, pero suficientemente benévolo para darle una vida bastante decente a los coreanos. Seúl, al este de Asia, no deja duda al visitante de que se está en el mero seno manufacturero del planeta. La ciudad es un mercado Guacaipuro gigante con una oferta obcena de productos esenciales y de pendejeras (la mayoría sin duda en el segundo grupo). Estéticamente, las calles varían de una Sabana Grande, a un Capitolio o Las Mercedes (con vendedores por doquier). Como si eso no fuese suficiente, en casi cada esquina hay una entrada a mercados subterráneos que se extienden a lo largo de la ciudad como un espejo inmenso de las concurridas calles en la superficie. Curiosamente, los coreanos, al parecer de indomable espiritu entrepenuer, se han acomodado por negocios: En las próximas diez cuadras encontrarás todos los estilos de lámparas posibles, en las siguientes cinco calles todo un un portafolio de sillas, las seis calles de la izquierda estan llenas de imprentas, las cuatro al sur full de telas, las tres del norte la ocupa un zuco de pescados, y las siete del oeste parecen una zona rental de zapatos. Y así se transcurre por esa inmensa ciudad que bien podría representarse en un mapa por productos: la calle de los relojes, de chaquetas de cuero, de ropas para hacer esqui, de carteras... Es un inmenso downtown (centro) que te deja preguntando dónde vive la gente. El comercio es tan avasallador que encontrar una calle residencial es una proeza. Resulta que los edificios y calles de apartamentos están como escondidos en las colinas, como "cerros" de clase media. A pesar de los 10,5 millones de personas embutidas en (alguna parte de) la ciudad, Seul es limpia, funcional y se siente segura. El metro es inmenso, puntual, y atractivo, las carreteras anchas, las aceras amigables, y las autopistas, túneles y puentes desafiantes. En la multitud, las calles se perciben suficientemente tranquilas y relajadas para caminarlas a cualquier hora.  De modo que el que llega a Corea buscando historia o rastros de la exótica estética asiática (ninjas, geishas y edificios de época) se irá con la sensación de haber presenciado, en su lugar, al dragón mismo de la globalización. A consecuencia de una mas bien turbulenta historia política y una exigente agenda de desarrollo, excepto por algunos techos y tres palacios de extintas dinastías más o menos intactos, pocos rastros quedan de historia en Seul.


La comida: El exceso de kimchi, una especie de repollo o col chino que preparan con salsa de ajo, aji picante y cebolla, puede resultar un poco problemático. Los coreanos lo comen con todo y a toda hora. Desafortunadamente, el kimchi es demasiado fuerte para mi delicado paladar suramericano. Por suerte, en los vencindarios de moda los "waffles", o panquecas con helado de vainilla, chocolate o fresa, están de moda. Y son tan ricos como engordantes. Otras muestras culinarias son el "bibimbap", o arroz espeso con huevo, carne, vegetales y la misma salsa de kimchi; los noodles; las sopas de pescados y mariscos; la pansa y otras partes inimaginables del cochino; carne de perro; pollo frito; pulpo de todos los tamanos; carne a la parrilla (que después de saber que se comen a los perros no querrás probar); y muchas especies de tortillas fritas hechas de un grano parecido al maiz, con tiritas de cebollín y pulpo. La presentación de la comida en delicados platos pequeños es un ritual y se respeta incluso en el rápido almuerzo del trabajador de mercado (o sea, disponer al comensal de una montaña de comidas diversas en un plato grande, como se haría después de un largo día de trabajo, es un acto profano). El "soju", una especie de aguardiente dulce, parece ser la bebida típica y la venden en casi todas partes. Se toma en "shots" y dos son suficiente para pasársela basante bien.


Comparados con la desparpajada actitud occidental, los coreanos resultan ceremoniosos: Inclinan sus cabezas para saludar y decir gracias, se quitan los zapatos antes de entrar a sus casas, preservan el ritual tradicional para contraer nupcias, duermen y comen en pisos limpios y calientes. En general, los coreanos son "hip", quiere decir que están a la moda, y se visten bien. Los hombres coreanos NO so particularmente atractivos. Con excepcion de una que otra deidad, las mujeres lucen "just ok", y la mayoría llevan zapatos de tacón. No hay muchos gordos, a pesar de las frituras. Budismo y zen se fueron a donde quedó la historia. Los católicos y cristianos han puesto su bandera, así que las cositas de Navidad (con nieve falsa y todo, aunque al menos allá hace frío) ya están afuera y la ciudad entera parece una inmensa feria de El Tijerazo --para horror de mis acompanantes judios.


Creo que esto resume mis impresiones. En "gral", me dio esperanza ver como los coreanos han conseguido la fórmula para revitalizar su ciudad y ponerla al servicio de una creciente clase media. Razón tenían los que declararon "un milagro en el Rio Han" hace varias décadas en referencia al increible desarrollo logrado por los sur-coreanos. Que su gente viva bien es, a fin de cuentas, lo más importante (...).









Imagen: 
Título: "Esta loca, loca ciudad ..." por Paola Lavoisier
Técnica: Acrílico s/ tela
Medidas: 120 x 80 cm.
Año: 2.009

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